Prevención de Fraude 9 min lectura

El triángulo del fraude revisitado: lo que Cressey no pudo anticipar

JL

José Luis Prieto

CPP · PCI · PSP · 1 de marzo de 2026

El triángulo del fraude revisitado: lo que Cressey no pudo anticipar

En resumen

El triángulo del fraude de Donald Cressey sigue siendo el marco más utilizado para entender el fraude corporativo. Pero fue desarrollado en 1953. Setenta años después, hay elementos que el modelo no captura completamente.

Por qué importa

El triángulo del fraude tiene setenta años. Ha sobrevivido porque captura algo fundamental sobre la naturaleza humana. Ha evolucionado porque la realidad del fraude corporativo es más compleja que cualquier modelo de tres vértices.

El triángulo del fraude de Donald Cressey —presión, oportunidad, racionalización— sigue siendo el marco más utilizado para entender el fraude corporativo. Es elegante, intuitivo y tiene respaldo empírico. Pero fue desarrollado en 1953, basado en entrevistas con prisioneros condenados por fraude. Setenta años después, hay elementos del fraude corporativo moderno que el modelo no captura completamente.

Lo que el triángulo captura bien

El triángulo sigue siendo válido como marco de análisis. La presión —financiera, laboral, personal— sigue siendo un factor en la mayoría de los fraudes. La oportunidad —acceso, ausencia de controles, puntos ciegos— sigue siendo la condición que hace posible el fraude. La racionalización —"todos lo hacen", "me lo merezco", "es temporal"— sigue siendo el mecanismo que permite al defraudador mantener una imagen positiva de sí mismo.

Lo que el triángulo no captura

El primero es el fraude organizacional: cuando no es un individuo quien defrauda, sino la organización como sistema. El fraude de estados financieros que involucra a múltiples niveles jerárquicos no encaja bien en el modelo individual de Cressey. El segundo es el rol de la cultura organizacional: el triángulo trata la racionalización como un proceso individual, pero la cultura organizacional puede normalizar comportamientos que facilitan la racionalización a escala.

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El triángulo del fraude es un mapa, no el territorio. Como todo mapa, simplifica la realidad para hacerla manejable. El profesional que entiende tanto el valor como los límites del mapa puede usarlo más efectivamente.

Extensiones del modelo

El diamante del fraude de Wolfe y Hermanson añade un cuarto elemento: la capacidad. No basta con tener presión, oportunidad y racionalización. El defraudador también necesita la capacidad —el conocimiento, el acceso, la posición— para ejecutar el fraude. Esta extensión es especialmente relevante para los fraudes más sofisticados.

  • Usa el triángulo como punto de partida, no como modelo completo.
  • Añade la dimensión organizacional al análisis — no solo el individuo.
  • Considera la cultura como un factor que amplifica o reduce la racionalización.
  • Evalúa la capacidad como un cuarto factor en los fraudes más sofisticados.
  • Mantente actualizado sobre las extensiones y críticas del modelo.
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